REPRESENTACIÓN DE CADA PAPEL DE CADA SOMBRERO
Cuando una persona se enfrenta a un proceso de toma
de decisiones, su mente comienza a contemplar una serie de razones y emociones
que le llevan a optar por una alternativa. En consecuencia, lo que se da de
forma natural en el cerebro humano suele resultar extremadamente complejo
cuando, por ejemplo, tratamos de aplicarlo a una decisión colectiva.
El método de los seis sombreros no hace sino
reproducir, de forma más sencilla, los procesos que tienen lugar en nuestra
mente cuando tomamos decisiones, convirtiéndolos en algo sistemático y público.
Para simplificar el pensamiento, este método propone que las cosas se atiendan
una por una, y que todos los participantes se concentren coordinadamente en la
que está siendo estudiada.
Cada sombrero simboliza una forma de ver, una
manera específica de pensar, que no se preocupa tanto por describir lo ya
ocurrido, sino que intenta vislumbrar lo que está por venir.
Sombrero blanco
El pensamiento de sombrero blanco puede incluir
datos subjetivos (como las opiniones o sentimientos de otra persona) siempre y
cuando se planteen como tales: “Juan piensa que eso no se venderá”, “María odia
trabajar en esa área”. Asimismo, puede incluir hechos creídos, pero, en tal
caso, se debe dejar claro que son hechos de segunda clase: “una vez leí que…”,
“creo tener razón al decir que…”. Permitir la referencia a hechos que no están
comprobados no significa que el sombrero blanco abra el camino a
especulaciones, rumores y habladurías, en la medida en que esos datos tienen
una función limitada de hipótesis provisionales y únicamente podrán utilizarse
como base para una decisión cuando hayan sido previamente corroborados.
Por lo general, el pensamiento de sombrero blanco
suele utilizarse al inicio de la reunión, como telón de fondo para el ejercicio
de pensar que viene, y, a lo largo de la reunión, vuelve a acudirse a él para
definir la información necesaria que hace falta. Es obvio que este sombrero
excluye cosas esenciales, pero su propósito es muy concreto: proporcionar
información, mera información.
Sombrero rojo
En el pensamiento de sombrero rojo tiene cabida una
amplia gama de sentimientos de toda índole: entusiastas, neutros, dudosos,
encontrados, de infelicidad… Todos ellos son válidos, en la medida en que sean
auténticos. Cuando se le pide a un participante que se exprese con este
lenguaje, esta persona puede, si es el caso, formular un sentimiento neutro,
confuso, dudoso o indeciso, pero en ningún caso puede “pasar”. La metáfora del
sombrero rojo le ayudará a centrar su atención y a realizar un esfuerzo sincero
por desentrañar las emociones que está sintiendo.
Por otra parte, jamás deben pedírsele
justificaciones o argumentos para explicar sus sentimientos a un pensador que esté
empleando este sombrero. De hacerlo, el sombrero perdería su eficacia, pues las
personas solamente expresarían aquellos sentimientos que pudieran explicar y,
por lo general, estos no son los que más importancia tienen. La utilidad del
sombrero es reflejar, como en un espejo, las emociones con toda su complejidad.
Sombrero negro
El sombrero de la oscuridad, la prevención y la
cautela es, quizás, el que más utilizamos en la vida cotidiana, el más
arraigado en la tradición occidental y el más importante en el pensamiento,
porque nos ayuda a ser precavidos, nos aleja de los peligros y nos permite, en
última instancia, sobrevivir. Si algo no encaja en nosotros, porque no se
ajusta a nuestros recursos, a nuestros valores, a nuestra política o a nuestras
características personales, el sombrero negro es el espacio para señalarlo. Y
tal vez por eso mismo suele ser muy fácil de usar, pues termina siendo una vía
para expresar algo que ocurre de modo natural en nuestros cerebros: la
tendencia a sentirnos incómodos ante la “inadecuación” y a evitar las cosas que
no encajan en nosotros.
Este es el sombrero de la precaución: el que nos
aleja de lo ilegal, de lo inútil, de lo peligroso, de lo contaminante y de
todas acciones cuyos efectos puedan causarnos un perjuicio. Es el sombrero de
la cautela: aquel que nos ayuda a ser precavidos, a evitar peligros y
dificultades. Es el sombrero de la prevención: nos protege de malgastar
inútilmente el dinero, el tiempo y la energía.
Por su potencialidad para anticipar el futuro y por
su operatividad práctica, el sombrero negro resulta de gran utilidad al valorar
y planificar una idea: por un lado, ayuda a decidir si se debe seguir adelante
con ella o abandonarla; por otro, señala los puntos débiles de la idea y
permite diseñar estrategias para corregirlos.
Sombrero amarillo
Piense en el sol, en sus rayos y en su luz. El
sombrero amarillo son esos destellos de esperanza que emanan de mirar las cosas
con optimismo. Con él, el pensador escudriña los posibles beneficios de una
idea e intenta ver las ventajas de ponerla en práctica. Es un sombrero de
pensamiento constructivo, con el cual se plantean propuestas para propiciar
cambios positivos: solucionar un problema, introducir una mejora o aprovechar
una oportunidad. Este sombrero se relaciona con la eficacia, con hacer que las cosas
sucedan.
En ocasiones, este sombrero depara grandes
sorpresas. Algo que parecía inútil puede adquirir un gran valor cuando nos
esforzamos en buscárselo. En la vida cotidiana, la gente suele verse obligada a
resolver problemas, pero rara vez se ve forzada a buscar oportunidades. Este
sombrero proporciona esa oportunidad, pues el pensamiento que promueve se
compone de una mezcla de curiosidad, placer, avaricia y deseo de “hacer que las
cosas ocurran”. Todo eso se traduce en una actitud: en la disposición a avanzar
con esperanza positiva respecto de una situación. En última instancia, ser
positivo no es más que una elección.
Sombrero verde
El sombrero verde permite plantear “posibilidades”
en cuya ausencia es imposible progresar. Esas posibilidades implican huir de
las viejas ideas para encontrar otras mejores; implican, por tanto, estar
abiertos al cambio con el fin de hacer mejor las cosas. Porque, a diferencia de
lo que sucede en las matemáticas, las situaciones de la vida tienen muchas
soluciones posibles, y algunas son mejores que otras, pues resultan menos
costosas, más fiables, más realizables.
Muchas personas tienen una tendencia a contentarse
con las primeras soluciones que se les presentan y, en ese momento, dejan de
pensar en el tema y no siguen buscando alternativas. No obstante, salvo que el
tiempo apremie y haya que decidir de urgencia, no hay ninguna razón válida para
suponer que la primera solución encontrada sea la mejor. El sombrero verde es
una invitación a explorar continuamente alternativas, incluso cuando las cosas
parecen funcionar bien. Eso supone una actitud creativa permanente, que permite
anticiparse a las dificultades, deteniéndose a pensar alternativas aunque no
haya una razón aparente para ello. A fin de cuentas, una pauta creativa en el
momento indicado puede ahorrarnos el desgaste de corregir errores y resolver
problemas que se habrían podido evitar.
En ocasiones es la naturaleza la que se encarga de
proporcionar ese tipo de provocaciones, pero resulta un poco ingenuo dejarle a
ella todo el trabajo. Con el sombrero verde podemos intentar producirlas de
forma deliberada, cobijados por una suerte de inmunidad que impide que se
desechen directamente con argumentos lógicos y que obliga a contemplarlas, por
absurdas que pueda parecer. Con el modelo tradicional de pensamiento lógico,
debe existir una razón para decir algo antes de hacerlo. Con una provocación del
estilo “los ejecutivos deberían autoascenderse”, esa razón no tiene que llegar
sino después de haberlo dicho; en caso de encontrarla, es posible que hayamos
dado con una nueva y excelente idea.
Sombrero azul
Este es el sombrero del control, que permite
organizar el pensamiento. En este sentido, constituye una suerte de pensamiento
sobre el pensamiento. En el método de los seis sombreros, el uso del sombrero
azul tiene una función esencial, pues a través de él se definen los propósitos
y las pautas del ejercicio, al tiempo que se vela por su buen desarrollo. Por
tal razón, quien coordina la reunión tiene una función automática de sombrero
azul, en la medida en que le corresponde mantener el orden y garantizar que se
respete el programa. Pero el hecho de que se cuente con una especie de director
de orquesta, a quien se le puede asignar el rol exclusivo del sombrero azul, no
obsta para que los demás participantes puedan utilizar este sombrero y expresen
así sus comentarios sobre el proceso de pensamiento que está teniendo lugar.
Observado desde una perspectiva más amplia, el
pensamiento de sombrero azul representa la capacidad de enfocar, cualidad que
diferencia al buen pensador del mediocre. La forma más sencilla de centrar el
pensamiento consiste en formular una pregunta; saber hacerlo es, según muchos,
la parte más importante del pensamiento. Por desgracia, resulta mucho más fácil
plantear preguntas a posterior, cuando ya se ha obtenido una respuesta.
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